Año nuevo, futuro nuevo

Dicen que con la lotería llega la navidad. Por lo tanto, supongo que oficialmente ya podemos decir que la navidad ha comenzado. Y con la navidad llegan las lucecitas por todas partes, los buenos deseos y el final de año. Es la época ideal para valorar el año que finaliza. Pensar en nuestros aciertos y nuestros errores, pensar en los buenos y en los malos momentos que ha habido, en definitiva, hacer un balance de lo que nos ha sucedido a lo largo de los últimos 12 meses.
Yo no dudaría en calificar el año en curso como el peor año de mi vida. Un año que comenzó con muchas ilusiones, ilusiones que en el ecuador del año se esfumaron como el humo de un cigarro en un día de viento. No contento con eso el destino todavía me tenía guardado un remate. Cuando creía que iba a salir del socavón, cuando veía la luz al final del túnel, cuando volvía a estar lleno de ilusiones y planes de futuro, la diosa fortuna me volvió a abandonar como se abandonan los zapatos viejos. Volverte a caer cuando te estás levantando hace que las heridas sean mayores y más difíciles de curar.
Como siempre he dicho, lo bueno de los momentos malos es que se aprende. Se aprende a superar los malos momentos y en quien se debe confiar. En este último año he aprendido más que si hubiera realizado cinco ingenierías, y lo dice alguien con una ingeniería a sus espaldas. Por suerte el año está a punto de finalizar, y estoy seguro que si la suerte me acompaña, aunque solo sea un poco, con todo lo que he aprendido a lo largo de estos doce meses el próximo año va a ser mucho mejor que el que estamos a punto de cerrar.
Solo me falta aprender una cosa. Quiero aprender a olvidarla. Quiero quitarme su imagen de mi cabeza. Quiero que mi estomago deje de dar vueltas al ver su fotografía. Quiero que su voz no retumbe en mi cabeza en los momentos de soledad. Quiero que al cerrar los ojos no me aparezca su imagen con su sonrisa única donde las haya. Quizás algún día lo consiga, pero mientras lo consigo ella será mi primer pensamiento por la mañana, mi última imagen por la noche, la fuerza que me mueve durante el día, en definitiva la locomotora de mi vida. Todo esto sin que ella lo sepa, porque nunca tuve el valor de decírselo. Mi gran error del año.
Amigos lectores, llegan unas fiestas muy especiales. Sed felices. Estad con vuestra familia y seres queridos. Pensad que el año que viene será mejor que este. Llevad cuidado con las uvas, no os atragantéis, sería una mala forma de comenzar el año. Reflexionad sobre el año que está a punto de acabar para mejorar el año próximo. Pero sobretodo, disfrutad del momento como si fuera el último, será la mejor manera de ser felices.
Feliz Navidad y próspero año nuevo

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Si yo no estuviera aquí

Hay días en los que me viene una pregunta a la cabeza de forma muy repetitiva: Si yo no estuviera, ¿alguien me encontraría a faltar? Sinceramente, creo que nadie en este mundo es imprescindible, y mucho menos yo, por lo que dudo que nadie me encontrara a faltar. Mi siguiente reflexión es, si nadie me echaría de menos, ¿Qué hago yo en este mundo? ¿Para que seguir divagando por aquí si nadie recuerda de mi existencia? Por desgracia, demasiada gente se ha acordado de mi cuando tenían problemas, y por la misma puerta se han olvidado de mi cuando han levantado cabeza. Cuando este comportamiento lo ves en una persona, crees que es culpa de la persona, pero cuando lo ves en personas diferentes te das cuenta que es intrínseco a la raza humana.
Estoy seguro que cualquiera de vosotros os habéis encontrado en una situación similar. Alguien a quien ayudasteis en una época de vuestra vida, que cuando levantó cabeza se olvidó por completo de vosotros. Y lo peor de esto se produce cuando te das cuenta que ahora eres tu el que necesita un hombro sobre el que llorar, o una columna con la que hablar. ¿Y a quien os encontráis? Espero que la respuesta no sea nadie, pero es posible que lo sea y en mi caso lo es. Es muy triste admitirlo, pero es cierto. Por más personas a las que hayáis ayudado no os garantiza que nadie os ayude a salir del problema.
Ahora bien, con esto no quiero decir que no hay que ayudar a nadie, todo lo contrario. Solo alguien que ha recibido la ayuda para salir de un problema sabe lo que se agradece encontrar una mano amiga durante el camino. Si después estas personas no saben devolver la mano, el tiempo, ese juez que quita y da la razón, colocará a cada uno en su lugar. Y tened en cuenta que salir de un bache sin ayuda nos hace más fuertes de cara al futuro. Nos entrena para las situaciones realmente complicadas de la vida. Nos hará supervivientes de la naturaleza.
Y volviendo al principio del tema, si en algún momento creéis que nadie os va a encontrar a faltar, pensad que no estamos aquí solo para que nos recuerden o para que se aprovechen de nosotros. Estamos aquí para disfrutar de la vida. Y vida solo tenemos una, aunque haya culturas que piensen lo contrario, no podemos estar 100% seguros. Tenemos que disfrutar esta única vida al máximo, hay que disfrutar de cada minuto como si fuera el último. No importa quien este a vuestro lado o no. Eso son cosas secundarias. Si estáis bien acompañados mejor, pero uno solo puede ser feliz sin la necesidad de esa mano, en la que nunca podremos confiar al 100%

El dulce sabor de la derrota

Hay veces en la vida que se gana, pero por desgracia esto no sucede siempre y a veces se pierde. Personalmente nunca me ha gustado perder, siempre he luchado por la victoria al máximo hasta el último minuto, pero cuando el partido se acaba debemos aceptar el resultado. La derrota es un momento por el que todos tenemos que pasar en algún momento de la vida, un momento amargo que nos hará disfrutar mejor de los momentos dulces.
Atención, cuando hablo de victorias y derrotas no hablo de ganar ese partido de tenis contra un viejo amigo, o el partido de solteros contra casados de las fiestas del pueblo. Me refiero por derrota a no conseguir ese objetivo que te habías marcado, ese plan que te salió mal, o esa persona que prefirió no estar contigo. Son aquellas situaciones que te hunden, que te dejan con la moral por los suelos, que hacen que solo tengas ganas de llorar.
Personalmente, si tuviera que poner un resultado al año en curso, creo que sería lo más parecido a un 0-8 en futbol. Es decir, simplemente desastroso. Un año para olvidar en el que en demasiadas ocasiones he tenido ganas de llorar. Un año en el que en demasiadas ocasiones he cometido errores. En definitiva, un año en el que estuve a punto de tocar el cielo pero entré de pleno en el infierno.
Pero hay que aceptar las derrotas, y utilizar estas para saborear las victorias que están a punto de llegar. Hay que utilizar el sabor amargo de la derrota para luchar con más fuerza en el próximo partido. De este modo seguro que ganaremos muchos partidos, y los disfrutaremos de un modo extraordinario, ya que la victoria es mucho más feliz después de una derrota. Señores, acepten sus derrotas, aprendan de ellas y utilícenlas para luchar con todas sus fuerzas en el próximo partido. Antes o después ganarán partidos, y saboreen ese momento, pero nunca olviden que la derrota volverá a llegar, y gracias a ella podrán disfrutar más de su próxima alegría.